etición pura y dura. Precisamente en este último capítulo tuvo la gran alegría personal y colectiva de proclamarse campeón de Gran Canaria, un titulo que se llevó a ese mundo donde van los mejores, los que quedan de pie aún después de muertos.
Lo cierto es que la familia del equipo decano de Canarias se encuentra de luto por la perdida de quien fue chico y grande a su vez. De hecho Roberto deja un hueco difícil de llenar en el quehacer de un club, como es el nuestro - el suyo en definitiva - que conoce la gloria de sus más de ochenta años de existencia, pero también las horas tristes de una pérdida tan especial como es esta.
Lo dicho: se nos ha marchado, en plena efervescencia vital y luchística, todo un campeón de Gran Canaria. Ese campeón al que a partir de hoy recordaremos, porque se lo merece, como aquel luchador que no salió al terrero por caido y, una vez allí, supo tenderle la mano al rival con quien iba a bregar sobre la arena.
(*) José Rivero Gómez fue presidente del Adargoma San José.